Fruiturisme, el proyecto

Fruiturisme es una idea pionera e innovadora iniciada en Aitona que quiere difundir el mundo de los melocotoneros y de la fruta dulce que se produce en el territorio del Bajo Segre (Lleida). Con la marca Aitona con mucho gusto, el Ayuntamiento de Aitona apuesta por la transformación de la riqueza frutícola en sello de identidad y reclamo turístico. Fruiturisme quiere ofrecer actividades que hagan sentir el gusto por la fruta y que, a la vez, pongan en valor el patrimonio, el paisaje y la cultura de Aitona.

Turismo de la fruta

Fruiturisme quiere dar a conocer la cultura de la fruta y transmitir a los visitantes los valores de la agricultura de regadío. La excelencia • lento calidad y sabor de los melocotones (nectarina, paraguayo, platerina) y de otras frutas dulces (cerezas, albaricoques, higos), nos permiten crear nuevas experiencias turísticas y promocionar el paisaje agrícola de Aitona como destino turístico.

Un proyecto transversal de pueblo

Bajo la marca Fruiturisme, se trabaja desde la máxima transversalidad y con la colaboración • ción de las centrales de fruta locales (cooperativa y SAT s), los empresarios, las asociaciones, y los vecinos y las vecinas del municipio para conseguir que Aitona sea un destino turístico de marca. El objetivo del proyecto es unir esfuerzos para convertirse en una referencia en nuestro país en materia de turismo agrario, rural y sostenible.

 

Aitona, con mucho gusto

El municipio de Aitona ha visto la transformación de sus paisajes de secano a unos paisajes agrarios de regadío, llenos de colores, sabores y aromas que invitan a degustar su fruta dulce, melocotones, nectarinas, paraguaios, platerina, cerezas, albaricoques e higos … con mucho gusto!

aitona

 

 

El municipio
Entorno
Historia
Patrimonio

Aitona es un municipio de larga historia, situado en un enclave privilegiado a orillas del río Segre. Situada a una altitud de 110 metros, su término municipal tiene una superficie de 66.9 km2.

Con una población de 2.566 habitantes, su vida y su economía giran alrededor del cultivo de la fruta dulce. Especializada en árboles de fruta de hueso, (nectarina, paraguayo, platerina, melocotón amarillo, …), en las últimas campañas, Aitona ha producido una media de 100mil kilos fruta

El paisaje agrícola, la riqueza cultural, el patrimonio arquitectónico y su entorno natural hacen de Aitona un lugar envidiable e idóneo para las actividades turísticas.

El término municipal sorprende por el gran contraste orográfico y paisajístico que podemos observar mientras circulamos por el territorio. Por la carretera, viniendo de Lleida, a mano derecha nos sorprenden los cerros ásperos, semi-desérticos y con escasa vegetación.En cambio, girando la vista hacia la izquierda, nos capta la atención un precioso valle llena de árboles de fruta dulce que cambia de color según la estación del año (rosa, verde, amarillo, marrón, …) y por la que atraviesa un río caudaloso, el Segre, llenando el ambiente del campo con la frescura de su agua dulce.

Aitona forma parte de la Comunidad de Municipios que vela por la protección, gestión, preservación, mantenimiento y desarrollo sostenible del Espacio de Interés Natural de Utxesa. Este entorno, debido a sus valores naturales, ha sido incluido en el Plan de Espacios de Interés Natural (PEIN) y en la Red Natura 2000 en el sector Secans del Segrià-Garrigues, catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Numerosos vestigios arqueológicos indican la presencia de asentamientos poblacionales ya a finales del Bronce Final II (1400-1200 a.C). Desde este período hasta el inicio de la ocupación árabe, tenemos pocos datos documentados pero lo que sí es cierto es que aún hoy en día quedan vestigios urbanísticos y estructuras hidráulicas, que conforman el núcleo antiguo del municipio, además de ser un antecedente de la base económica agrícola actual.

Durante la campaña de 1145-49, Aitona pasó a manos cristianas, en el reparto del territorio entre los repobladores. Perteneció a la corona hasta el 1212, cuando Constanza de Aragón, hija natural de Pedro I, al casarse con el senescal Guillem Ramon de Moncada, aportó estas tres villas en dote (Aitona, Serós y Soses), que constituyeron la poderosa baronía de Aitona, centrada en el castillo de Aitona.

Los viajeros del siglo XVI (E. Cock, J.B. Lavanha, B. Joly) coinciden en describir la gran riqueza agrícola del sector de Aitona, con abundancia de regadíos (huertas y árboles frutales), bien cultivados, y unos 200 vecinos
Las guerras del XVII y del XVIII (Guerra de los Segadores y la de Sucesión) afectan negativamente a la villa: Aitona queda temporalmente abandonada pero vuelve a ser poblada a los pocos meses.
A mediados del siglo XIX, las ferias de ganado de Aitona eran muy concurridas y se tomaron varias medidas para favorecer el sector: ordinación de los regadíos por la acequia de Remolinos en 1852, nuevos caminos y carreteras en 1863 y la creación de la Sociedad de Vecinos de Aitona en 1894 para promover la construcción del puente sobre el Segre.

Aitona reúne un conjunto natural, cultural y patrimonial de gran interés, con elementos singulares catalogados como BCIL y BCIN.